El pequeño productor, el león dormido de la agricultura nacional.

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México es un país con características únicas en la industria agroalimentaria mundial. Por un lado, tenemos una compleja relación histórica con los trabajadores del campo; desde la explotación despiadada durante la colonia y la independencia, hasta el mini-latifundio resultante de la revolución mexicana y las subsiguientes reformas agrarias. Por otro lado, somos privilegiados al poseer prácticamente todos los climas que pueden existir, desde las nieves perpetuas del pico de Orizaba, hasta los desiertos más secos y calurosos de Durango, pasando por climas costeros, templados, tropicales, boscosos y semiáridos. Es justamente en estos climas donde los pequeños productores se han asentado, en una constante búsqueda de sustento y siguiendo un estilo de vida que, comparado con la velocidad de la vida urbana, parece haberse detenido en el tiempo.

El INEGI estima que actualmente el 22% de la población nacional habita en un entorno rural, ésto implica que existen alrededor de 25 millones de habitantes alejados de los servicios que brinda la vida urbana, tales como: servicios de salud, educación y comunicación. Por años se ha considerado el entorno rural como sinónimo de pobreza y falta de oportunidades y, desafortunadamente, en la mayoría de los casos esto es verdad.

Existen excepciones notables de comunidades que han podido prosperar en estas condiciones gracias a la organización de productores y pobladores en búsqueda de mejores condiciones de vida. Sin embargo, por regla general, se considera que el productor agrícola nacional se encuentra solo; las tierras de las que es dueño a menudo son muy pequeñas para pensar en una producción a gran escala ya que se ve imposibilitado para acceder a tecnología agrícola que en terrenos reducidos se vuelve, francamente, inoperante. La migración de la población joven a centros urbanos o a Estados Unidos complica más la situación, haciendo de la mayoría del campo mexicano, un mosaico de pequeños terrenos para producción de autoconsumo incapaces de brindar mejores condiciones de vida a sus habitantes.

Por otro lado, y desde el punto de vista comercial, cuando un agricultor logra producir suficientes alimentos para comercializarlos, se enfrenta a una enorme maquinaria de intermediarios; distribuidores y acaparadores, que castigan demasiado el precio al productor en aras de mayores ganancias.

Afortunadamente existen alternativas en el panorama. El incremento de la población urbana, el mayor interés en el consumo de productos locales y las fluctuaciones del tipo de cambio de distintas monedas extranjeras ha generado un incremento en el mercado interno de productos agroalimentarios. Además, las nuevas tecnologías nos han permitido mantenernos más comunicados, lo que ha democratizado el acceso a la información y a las cadenas de distribución directas. El viejo modelo de productor, intermediarios, distribuidor y comercio cada vez es más obsoleto en todas las áreas de la economía, favoreciendo un comercio directo. Ésto abre una gran posibilidad a pequeños productores de ofrecer sus productos directamente al consumidor por medio de estrategias tecnológicas, disminuyendo las pérdidas causadas por los intermediarios y permitiéndole al consumidor obtener productos directamente del productor, teniendo mayor certeza de quién, cómo y dónde se produjeron sus alimentos.

Aumentar el acceso a plataformas de comunicación a los pequeños productores, promover el comercio justo para mejorar las condiciones de la comunidad y dar mayor certeza a los consumidores de alimentos, es la misión de INFOOD®, y con tu ayuda lo estamos haciendo.

Fuentes:

  • Imagen: Diana Sarabia
  • INEGI
  • SAGARPA